Personajes: Un
metzorá, La Baigneuse, Enrique VIII y su celestina.
Acto 1 (Uno de los balcones de
Whitehall. La Baigneuse espera en el pórtico por el hijo Tudor, mientras el
metzorá mueve con dificultad su abertura bucal, en lo que parece ser un bostezo forzosamente lánguido)
- La Baigneuse (mirando de soslayo al
metzorá): ... ¿vamos?
Acto 2 (En
Banqueting house. Enrique redacta los últimos puntos de su "libelo", sentado en la silla más alta de la sala. La Baigneuse, sentada junto al Tudor, mira a este último con actitud de paciente espera, mientras le da la espalda al
metzorá, quien recoge del suelo un último trozo de piel. La celestina espía detrás de la puerta)
- Enrique: En mi sapiencia suma, os puedo decir que
וְאִישׁ אֲשֶׁר יִקַּח אֶת־אֵשֶׁת אָחִיו נִדָּה הִוא עֶרְוַת אָחִיו גִּלָּה עֲרִירִים יִהְיוּ׃ no puede tener cabida en estos nuestros tiempos... vuestros y míos
- La Baigneuse (mirando con lujuriosa desaprobación): ¿Osáis desafiar los designios de las sagradas escrituras?
- Enrique (respondiéndole la mirada a La Baigneuse con un sórdido gesto, propio del dandy de los alrededores de
The Globe): Dímelo
(La Baigneuse ríe, primero en un tono suave, y luego más fuerte, para ocultar su adolescente conmoción ante tal provocación de su majestad)
- El
metzorá: Mi
lad...- La Baigneuse (levantando la mano, indicándole la salida con absoluto desdén): Sí. Puedes retirarte.
(El
metzorá sale del salón, y nota a la celestina, a quien mira con cierto recelo, aprovechando que está distraída mirando aquel
cortejo real)
Acto 3 (En la ribera del Támesis. El
metzorá camina meditabundo, con paso descompasado, producto del hambre y de su evidente dismetría de miembros inferiores)
- El
metzorá (en un soliloquio): ¿Acaso mi
lady piensa seguirle el juego a ese infame Tudor?, ¿será cierto lo que me dijo el moro, o acaso sólo está proyectando hacia mí su propia, mísera relación? Acabo de verlo, de nuevo, pero no sé a quién espera; no entiendo por qué asoma la cabeza tras el muro una y otra vez... ¿estará espiando a... (en ese momento el
metzorá tropieza con una meretriz, quien lo mira con una extraña expresión que sólo había visto antes de que tuviera las primeras manifestaciones de
tzaráat. Él conocía aquella mirada, y recordó un nombre: Lascivia) ... maldita ramera, mofarse de mí... de mí... de mí... (baja la cabeza para remojarla en las frías aguas del río, y se queda quieto un rato, con media cabeza en el agua y los ojos entrecerrados. En ese momento parece haber un cambio en su semblante, en medio de verrugas y costras. Sonríe) ... pero vamos, si es La Baigneuse...es seguro... VOLVERÁ A CEDER!!! (aflora una notoria risa sardónica, e imita el gesto de desdén hecho por La Baigneuse con su mano, pero con el maravilloso encanto de un cortesano francés) ... pobre de ella...